Te voy a contar algo que, si llevas un rato liderando o siendo parte de equipos de desarrollo, probablemente ya sospechas: el mayor reto que enfrentamos en los equipos no es la tecnología, ni los bugs, ni las deadlines… es el factor humano.

Sí, así tal cual. No hay nada más complejo —ni más poderoso— que las personas.

Me ha tocado ver de todo: desarrolladores brillantes que de pronto bajan su rendimiento sin razón aparente, gente que empieza a chocar con sus compañeros, líderes que se queman sin saber cómo llegamos hasta ahí. Y detrás de todo eso, siempre hay algo que no aparece en el backlog ni en los commits: emociones, historias personales, duelos, ansiedad, discusiones familiares, frustraciones que nadie ve.

Y no lo digo desde la teoría. Lo digo porque también he estado ahí.

A veces creemos que la productividad es cuestión de herramientas, procesos, metodologías ágiles y buena documentación. Y claro, todo eso ayuda. Pero cuando alguien está emocionalmente bien —cuando su vida personal está estable, cuando se siente escuchado, apoyado, valorado— trabaja mejor. Mucho mejor. Tiene más enfoque, más paciencia, más creatividad, más disposición para colaborar y resolver problemas.

Lo he comprobado mil veces. Un desarrollador con buena salud emocional, con relaciones cercanas sanas (como la familia o una pareja que lo apoya), puede hacer el trabajo de dos. Y no solo más rápido, sino con mejor calidad y actitud. Se nota en cómo comenta su código, cómo ayuda al equipo, cómo propone soluciones en lugar de quejarse.

Por eso, cada vez creo más en algo que antes pensaba que era “blando” o “extra”. Hoy sé que es esencial: cuidar a las personas. Y eso implica muchas cosas. Escuchar más. Dar espacio a quien lo necesita. Ser empático cuando alguien está pasando por algo difícil. A veces simplemente preguntar: “¿Cómo estás?”.

No te voy a mentir: no siempre es fácil. Las emociones no se pueden controlar como un servidor o un pipeline. Pero sí se pueden acompañar, y eso ya hace una gran diferencia.

Si tú estás en un equipo, o lideras uno, mi consejo es este: no subestimes el poder del bienestar emocional. Las personas no dejan sus problemas en la puerta del Slack. Y si queremos equipos verdaderamente productivos, necesitamos empezar por cuidar el corazón de quienes los forman.

Porque al final, los mejores equipos no son los que tienen las mejores máquinas… sino los que tienen las personas más humanas.

🛠️ Cosas prácticas que un líder puede hacer para cuidar el bienestar emocional de su equipo:
  • Haz check-ins personales
    No todo tiene que ser sobre el sprint. Pregunta cómo se sienten, si necesitan algo. A veces cinco minutos de escucha valen más que una hora de planning.

  • Respeta los horarios (de verdad)
    Fomentar una cultura donde “desconectarse” esté bien visto, hace que todos lleguen más frescos al día siguiente.

  • Sé flexible cuando alguien atraviesa un momento difícil
    Un duelo, una enfermedad, un problema en casa… todo eso pasa. Y si apoyas en los momentos duros, ganas lealtad y compromiso a largo plazo.

  • Celebra logros, aunque sean pequeños
    Un reconocimiento sincero puede levantar el ánimo de alguien más de lo que imaginas.

  • Ofrece espacios seguros para hablar
    A veces solo necesitan desahogarse. Crea canales donde puedan compartir sin miedo a ser juzgados.

  • Da el ejemplo
    Si tú cuidas tu bienestar, tu familia, tu salud mental, y lo compartes abiertamente, animas a tu equipo a hacer lo mismo.

  • Fomenta relaciones humanas, no solo laborales
    Un café virtual, una dinámica corta, o simplemente platicar de algo fuera del trabajo también suma.